Señora, gracias por lo que me da
pero yo no puedo esto llevar
porque mi vida no es de Navidad
Señora, cree que mi pobreza
llegará al final comiendo pan
el día de Navidad
Mi padre me dará algo mejor
me dirá que Jesús es como yo
y entonces así podré seguir viviendo
¨La navidad de Luis¨, León Gieco.
La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba;
la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.
Eduardo Galeano
pero yo no puedo esto llevar
porque mi vida no es de Navidad
Señora, cree que mi pobreza
llegará al final comiendo pan
el día de Navidad
Mi padre me dará algo mejor
me dirá que Jesús es como yo
y entonces así podré seguir viviendo
¨La navidad de Luis¨, León Gieco.
La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba;
la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.
Eduardo Galeano
La palabra solidaridad tiene su raíz etimológica en el latín y dentro de la familia de las palabras de sólidas con el significado de "sólido", "compacto", "entero". En esta raíz etimológica encontramos dos significaciones, aquella de la unidad orgánica de un todo construido sólidamente y la del derecho como obligaciones contraídas en solidaridad, mancomunadamente. Sera recién en el siglo XVIII donde adquirirá un nuevo significado religioso a través del uso que el cristianismo le concede en reemplazo del término caridad, significado que luego habrá de extenderse dentro de las ciencias filosóficas y sociológicas para expresar un valor y principio ético.
De esta etimología de la palabra solidaridad, que se presenta sumamente rica en acepciones, quisiera destacar aquella que figura la idea de unidad y compromiso. Si la solidaridad es inherente a cualquier unidad de elementos, es porque estos se encuentran comprometidos en el sentido de depender unos de otros para conformar esa unidad.
Al acercarse el fin del año, y más allá de nuestra fe religiosa, el clima propio de las fiestas cristianas nos envuelve en cierta atmósfera especial y que muchos llaman ¨el espíritu de las fiestas¨. Millones de mensajes de amor y paz se dispersan por el mundo y a través de los más diversos canales, y es entonces cuando nos sentimos especialmente sensibles frente a todo aquello que durante el año no nos permitimos atender dadas nuestras ocupaciones, a saber, las circunstancias de los demás, cercanos o no tanto, queridos o no mucho.
El espíritu festivo nos hace sentir diferentes, ¿mas buenos?, quizás, ojalá. Lo que sí sabemos es que se trata de un extraño regocijo, algo que sentimos en el cuerpo y en el alma. Quizás ya no nos peleamos y nos perdonamos, quizás ya no miramos con la misma indiferencia a esos niños que son arrojados a la calle ni balbuceamos la excusa de que malgastan la limosna, quizás ya no nos tranquiliza simplemente señalarlos como malvivientes ni especular que son traídos de otra parte. Quizás, hasta no nos importa darles esa monedita que no vale esa inocente sonrisa que apacigua nuestra angustia por un tiempo, quizás hasta les sonreímos para ver que pasa.
Posiblemente hasta sea un buen momento para adentrarnos valientemente en nuestras almas para reconciliarnos con todo aquello que nos causa dolor, para descubrir esa persona que podemos ser, y para poder mirar al otro, ese que nos necesita, como un semejante. Porque en estas fiestas, lo que verdaderamente nos congrega es ese sentimiento de igualdad frente a Dios, una igualdad que nos hace sentir en franca comunión con nuestro prójimo, más allá de toda diferencia.
De las fiestas también se dice que se han convertido en algo puramente comercial, que Papa Noel es un invento de Coca Cola, que solo nos juntamos para comer y beber hasta reventar, que los chicos solo esperan los regalos. Puede que sea cierto, pero que bien la pasamos... Porque después de todo, el alma se alimenta de estas fantasías que cobran vida con un significado especial para cada ser.
Y si los chicos gustan de creer en la fantasía de Papá Noel, ¿por qué no creer nosotros en que si nos dejamos invadir por este regocijo quizás encontremos la esperanza? ¿Por qué no creer que sea posible un mundo más justo para todos? ¿Por qué no creer en nosotros mismos como artífices de ese mundo?
Porque si es que aún creemos en algo, no podemos dejar de creer en el otro como parte de nuestro mundo. Solo así puede concebirse la auténtica solidaridad, como un valor que se alimenta de la esperanza y de la fe en nuestro semejante, que se sostiene en los principios de igualdad y respeto mutuo y que se fortalece con nuestro trabajo y compromiso por el bien común.
Muchas felicidades en estas fiestas a todos ustedes.
Lic. Julieta Monteros
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