domingo, 12 de septiembre de 2010

Crisis: un trabajo de hormiga

Inteligencia. De la crisis se sale con inteligencia.

La humanidad ha cursado por muchos momentos de grandes arrebatos: guerras mundiales, pestes, tiranía, esclavitud y hasta la naturaleza misma atentó contra la vida de los seres humanos.

No tenemos la fuerza de los gorilas, ni la agilidad de los felinos, ni la memoria de los elefantes. No tenemos branquias para sobrevivir mucho tiempo debajo del agua y nuestras manos se lastimarían fácilmente si cavamos huecos en la tierra, como los roedores. ¿Qué nos hizo sobrevivir tantos siglos en esas condiciones? ¿Qué pudo pasar para que sea esta misma raza, los humanos, quienes atenten contra la naturaleza y la vida toda? ¿Cómo es posible que seamos tan destructivos, aún con los de nuestra misma especie? Nuestras tendencias auto y hetero-destructivas son la esencia de nuestras crisis.

Propongo que el concepto de inteligencia sea definido a partir de la capacidad de supervivencia de la especie. Así, deberíamos resignarnos a ser menos inteligente que una cucaracha.

Pero también, se puede definir el concepto de inteligencia a partir de la organización social y de la capacidad de construcción y reconstrucción de una especie. En esto competiríamos mucho con otra especie especie: las hormigas.

Veamos que podemos sacar en claro de este ejemplo.
Las hormigas están provistas de un cepillo y de un peine que emplean para asearse en sus patas.
Las manos humanas son el más fino mecanismo de motricidad fina conocido el cual nos permite trabajar con herramientas. Punto a favor.

Al final del verano, llegada la plena evolución de las hormigas, la reina y el macho, ambos provistos de alas, parten para el vuelo nupcial. Al regreso, la reina se arranca las alas y el macho muere la misma noche de la boda. Donde posa la reina origina una nueva colonia a la que se incorporan algunas hormigas neutras que la acompañan y le prestan auxilio.

En los humanos el “apareamiento y reproducción” es bastante más complejo y exige ser ubicado bajo el concepto de sexualidad; núcleo y clivaje de grandes desencuentros. Lamentablemente, la sexualidad del humano no está determinada solo por la biología por lo tanto no solo tiene la función de reproducción. En todo caso, quienes intentan que la sexualidad sea solo para la reproducción no desconocen que es a partir de un gran esfuerzo de voluntad. Por supuesto, en la noche nupcial, los humanos también creemos que tenemos alas y, en muchos casos, se piensa que las consecuencias son metafóricamente similares.

En la sociedad de las hormigas, cada miembro tiene una tarea perfectamente establecida: la de la hormiga reina es la de poner los huevos, mientras que las obreras están encargadas de nutrir a las larvas.

En la sociedad humana cada miembro intenta tener una tarea establecida y vivir dignamente de ella. No siempre se consigue porque, en las hormigas, esto, como parte de su instinto, está determinado genética y biológicamente. En cambio, las personas tienen la “maldición” del libre albedrío, los deseos, las compulsiones y los deberes.

Prefiero no emitir opinión sobre los quehaceres de la reina humana y sus huevos, ni la función de las larvas que la rodean.

La habilidad y el trabajo incesante de las hormigas se manifiestan en la construcción de su vivienda, compuesta de galerías distribuidas en varios pisos y celdas destinadas a las diferentes ocupaciones.

La habilidad de trabajo de los humanos es increíblemente compleja y habilidosa, combinando arte y ciencia. Además, cada humano tiene derecho a tener su propio trabajo y ocupación para sí conseguir una vivienda para sí y su familia sin necesidad de compartir ninguna galería con el resto de los de su especie.

No he encontrado, y suplico a quien lo sepa, por favor, lo envíe porque me parece digno de mención, si es cierto que entre las hormigas no se matan entre ellas ni se roban. Toda la sociedad de la hormiga trabaja para un fin común y ninguna hormiga intentaría despojar a la reina violentamente ni mucho menos atentaría su vida.

Claro, hoy quedan pocas monarquías humanas y muchas democracias, en buena hora. Pero cuestionaría la idea que los humanos tenemos todos “un objetivo común” o bien un “sálvese quien pueda”

Al destruirse un hormiguero, toda la comunidad tiene distribuidas las tareas de manera que rápidamente lo reconstruyen sin necesidad de culpar a la oposición de la destrucción.

Quizás nadie tenga la receta para salir de las crisis, sean provocadas por ser humano o por la naturaleza. Pero tal vez encontremos en los seres “inferiores” varios ejemplos para darnos cuenta que podemos utilizar la inteligencia para refrenar los impulsos destructivos, construir lo que nos toca desde nuestros lugares y con nuestras habilidades personales. Y quizás, el concepto de inteligencia pueda unirse al de la maltratada solidaridad. Quizás así tengamos alguna oportunidad.

Después de todo, las salidas de las crisis nunca es en un solo acto, de golpe, sino haciendo un trabajo paciente, ordenado y con objetivos claros.

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