martes, 20 de abril de 2010

“En busca de la felicidad” es el título que lleva una película que relata las difíciles circunstancias que atraviesa un joven hombre de escasos recursos en su lucha por conseguir ese ansiado trabajo que lo llevará a la felicidad.

Es ese tipo de películas que muchas veces nos hace a reflexionar acerca de las cosas que hasta hoy no hemos logrado, las cosas por las que nunca luchamos, aquello que nos falta. Eso que para cada quien es algo tan diferente que no es posible dárselo a comprender a los demás aunque intentemos darle alguna forma que finalmente lo transforma en algo que no es. Eso para lo que no encontramos las palabras pero que, confiados en su existencia, llamamos felicidad.

Ahora bien ¿De que hablamos cuando hablamos de felicidad?

Desde ya que no hablamos de lo mismo porque aunque creamos que siempre se trata de “salud, dinero y amor”, y aun teniendo esas tres cosas, no siempre “damos las gracias a Dios”. Y sucede como si en el mismo instante en que conseguimos aquella cosa que tanto anhelábamos se esfumara todo su encanto.

Entonces ¿De que hablamos cuando hablamos de felicidad?

La verdad es que no lo sabemos porque aunque creamos que “todo tiempo pasado fue mejor”, y aun si eso fuera cierto, no siempre estamos dispuestos a aprender de nuestras experiencias. Y nos comportamos como niños caprichosos, eternos hedonistas y demandantes de experiencias siempre nuevas aunque nunca satisfactorias.

Muchas veces felicidad es el nombre que les damos a esas fantasías a las que hemos renunciado deshonestamente y que añoramos como aquello que perdimos. Olvidamos que a cambio de esa renuncia obtuvimos algo, algo que seguramente pudimos llamar felicidad. Y así, siempre temerosos de perder algo, nos sumergimos en la lógica del todo o nada, condenándonos a vivir en la frustración y responsabilizando a Dios o al destino por la suerte que nos toca.

Por eso les propongo esta otra pregunta ¿creemos realmente en la felicidad?

Felicidad es una hermosa palabra que expresa sensaciones placenteras, sentimientos tiernos y emociones agradables. Felicidad, se podría decir, es una palabra íntima porque su verdadero sentido se encuentra en lo más profundo de nuestro ser. ¿Acaso no vale la pena apostar, y quizás perder unos centavos, para encontrarla al menos una vez?

Lic. Julieta Monteros