Seguramente, y a costa de un gran esfuerzo, muchos de nosotros nos consideramos adultos económicamente solventes. Seguramente, hace tiempo que hemos logrado cortar ese lazo de dependencia con nuestros padres para convertirnos en hombres y mujeres responsables de nuestra propia existencia, e incluso la de nuestra familia. Seguramente esta ha sido una conquista invaluable y trabajosa de la que nos sentimos muy orgullosos.
Sin embargo, cuando se dice crisis, pero también cuando se dice inseguridad, riesgo o incertidumbre, todo en nuestro mundo tambalea. Nos dejamos llevar por una paranoia irrefrenable que sin querer alimentamos, y el adulto que era vuelve a sentirse como ese niño temeroso y dependiente que fue.
Lo que sucede, es que muchas veces en el camino hacia la adultez, creemos que al abandonar a nuestros “viejos garantes” nos convertimos nosotros mismos en garantes de nuestro porvenir, cuando en realidad lo que hacemos es depositar nuestra confianza en todos esos garantes que habitan fuera de casa. Porque ciertamente, todo hombre necesita confiar en un orden de cosas cada vez que emprende su camino hacia la conquista del mundo.
Y es por eso mismo, que de pronto nos encontramos reclamando en el mostrador del garante de turno, llámese patrón, estado, mercado, ¡Wall Street!; reclamando que se nos garantice esa protección que dejamos en sus manos.
“¡Pero la crisis es real Licenciada!”, quizás alguien esté vociferando. Y aquí es donde debo advertirles que les hablo desde mi disciplina, la psicología, cuando les digo que lo que subjetivamente moviliza esta crisis, que hoy es financiera pero siempre hay alguna crisis de algún tipo, se relacionará con lo recorrido por cada quien en el camino de su vida.
Pero algo aún más importante, y aquí les hablo como coterránea, es darnos por enterados que estos nuevos garantes a quienes confiamos nuestro destino, no son más que construcciones de nuestra propia sociedad, ficciones constituidas para consolidar un orden de cosas y un conjunto de intereses histórica y socialmente acotados. Y tratándose particularmente del mercado financiero, sabemos bien que el orden de cosas que consolida es el de la especulación y la usura.
Desde ya que es dado reconocer que la humanidad ha conquistado sus más grandes logros gracias a la fe depositada en sus creaciones sociales y culturales, pero no podemos desestimar las enormes revoluciones de las antecedieron. Porque a la hora de reclamar a nuestros nuevos garantes que estén a la altura de las circunstancias, debemos saber que frente a una crisis, esta o la que sea, no es necesario apelar a ningún otro recurso más que al compromiso y al trabajo. Y si nos adentramos en nuestra propia historia y en la historia de nuestro querido país, seguramente, en ello nos guiará recordar a quienes fueron nuestros viejos garantes.
Lic. Julieta Monteros
Equipo de Centro SIR
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