domingo, 12 de septiembre de 2010

El ¨Club de las Pantuflas Doradas ¨

¿Tu lesión deportiva más importante fue por errarle a la pelota? ¿Alguna vez entraste a un gimnasio y te sentiste desubicada como pochoclero en puerta de cementerio? ¿En el colegio siempre ibas al arco para disfrutar del socito hasta que te despertaran de un pelotazo? ¿Tu rutina de actividad física es la carrera de 100 metros llanos hasta la parada del 60?

¡Bienvenido entonces al selecto ¨Club de las Pantuflas Doradas ¨! Donde los miembros no es que no servimos para ningún deporte, sino que simplemente el deporte nos da fiaca. ¿Y eso de que el deporte es salud? Ah, eso nos da culpa.

Sin embargo, el problema no es nuestro, no. El problema es de toda esa gente que consigue vivir de manera saludable los 365 días del año, y ahora también de los atletas de las olimpiadas. Porque es admirable la pasión con la que entrenan para llegar a estar entre los grandes atletas del mundo y el valor con el que se disponen para competir en cada certamen, pero si ellos no se dedicaran con tanta abnegación no habría necesidad de comparación y todos viviríamos tranquilos. Igual, que no se diga que yo no aliento a nuestra selección.

Aunque no nos engañemos, es evidente que esta gente nació con un don especial. Y yo me pregunto ¿el don de un cuerpo privilegiado? No, eso lo consiguen con entrenamiento. ¿El don de alcanzar todo lo que se proponen? Y no, la verdad es que se esfuerzan mucho y a veces también deben resistir una derrota. Entonces debe ser el don de haber encontrado algo que los apasiona.
Aunque pensándolo bien, encontrar algo que nos apasione, más que un don ¿no será toda una conquista?

Ahora entiendo, la conquista más importante del ¨Club de las Pantuflas Doradas¨ fue romper el record de permanencia frente al plasma mirando todas las temporadas de ¨Lost¨. Estuvo bueno, pero en verdad… ¡más inútil que abanico de papel higiénico!

Sin embargo, alcanzar una verdadera conquista no se trata simplemente de abandonar el saludable privilegio del ocio para dedicarse exclusivamente a cosas útiles. Si nos propusiéramos conquistar nuestra propia medalla dorada ¿No se trataría mas bien de encontrar primero algo que pueda apasionarnos de tal manera que valga el esfuerzo de luchar por su conquista? ¿Y que para encontrarlo sí, sea preciso hacer algo diferente?

Espero no perder mi membrecía pero me parece que a partir de esta tarde voy a compartir algunas horas del ¨Club de las Pantuflas Doradas¨ con un nuevo club del que además me nombraré fundadora, el de las zapas rotas que pedalean a la tardecita… o mejor el de las patas sucias que menean al salir el sol… o quizás más osada, el de las zapatillas nuevas que caminan de la mano en el ocaso…

Lic. Julieta Sofía Monteros

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